
Con el número 15 del draft, los putamente gloriosos y amos del cotarro Bad Boys seleccionan a TERRENCE WILLIAMS, de Louisville.

Báilalo, Terrance, báilalo que te ha tocado la lotería.
El elefante en la habitación de los Pistons: Joe Dumars es nuestro Pep Guardiola, nuestra seña de identidad, nuestro cerebro, nuestro equipo. Obviando la gloria que nos dio como jugador, desde que es la referencia de la franquicia no ha parado de darnos alegrías. Construyó un equipo campeón con mimbres descartados, con cambios que sonaban a estafa, con un entrenador loco (de remate). Echó a un hombre que nos devolvió a las alturas porque no estaba loco (de remate) y trajo a otro que decidió darle más balones a Big Ben. Mandó a Stackhouse a casasumadre por un escolta pequeño que no parecía gran cosa. Rescató a un base viajero. Sacó un traspaso mágico por Sheed. Recuperó a McDyess. Oh, Joe, cómo te queremos, Joe.
Pero hay un elefante aquí, en esta habitación y, quizás si lo decimos en alto podamos seguir con el resto de la entrada: Joe Dumars drafteó a Darko Milicic por delante de Dwyane Wade, Carmelo Anthony y Chris Bosh.
…
Oh, Joe… Joe.
Desde entonces se ha especializado en sacar petróleo del fondo del pozo. En detallazos de visionario ha descubierto a Rodney Stuckey, Arron Afflalo y esos dos chicos altos que son muy bajitos. Muchos le acusan del traspaso de Billups pero, con el corazón desgarrado, es lo que había que hacer. No podíamos asumir un año más de muerte lenta. Conseguimos un montón de espacio salarial y, encima, no se tiró la temporada porque conseguir a Iverson nunca es tirar la temporada, y lo que pasó despues ya no tuvo nada que ver con él.
Por lo tanto tenemos espacio salarial para dar y (me temo) regalar. Y un grupo de jugadores jóvenes con buena pinta. Yo quiero redondearlo con Terrence Williams. Louisville ha sido el equipo que mejor baloncesto ha hecho este año, y lo ha sido por Terrence. Un jugador no especialmente dotado para anotar, una pena, pero sí para lo demás, y no nos vendrá mal un hombre capaz de sacrificarse por otros que, además, ha llevado el peso de un equipo ganador y ha sido el asidero en todos los momentos importantes de la temporada con Earl Clark soltándole el balón cada vez que la cogía a ocho metros y se chocaba, literalmente, contra triples defensas. Terrence asumía, lideraba, corría, reboteaba, jugaba al baloncesto. No será all-star, ya lo sé, pero yo le quiero igual, y le quiero en mis Pistons.
Además, espero que Joe no se gaste la pasta este año y seamos tremendamente malos para pillar a John Wall el año que viene y fichar un pívot como Dios manda. Con tol pastizal en el verano del amor, ¿por qué perder la oportunidad este año con el burrote de Boozer cuando puedes participar en la orgía free agent más grande de todos los tiempos?